Articulo

Por Tony Balbuena
La alianza electoral acordada entre los Partidos Revolucionario Dominicano (PRD) y de la Liberación Dominicana (PLD), constituye un indicativo de sabiduría, autoridad y poder, según el momento y la sociedad en que se le ubique.
El presidente Danilo Medina y el presidente del PRD, Miguel Vargas Maldonado han demostrado tener símbolos de hombría y virilidad para lograr dicho pacto.
Independientemente de las opiniones encontradas en la sociedad dominicana, este podría conducir a lo que ellos llaman un gobierno de unidad nacional.
Cuando hablamos del bigote, necesariamente tenemos que definir que su nombre proviene del término alemán “Bei Gott” traducido como Por Dios, un  juramento que hacían los soldados de Nils, mientras se llevaban la mano a la zona facial comprendida entre el labio superior y el corte de la nariz. 
En nuestro país se han convertido en frases populares, El hombre de pelo en pecho y de bigotes, como señales de respeto. 
Están el presidente Medina y Vargas Maldonado, hombres de bigotes en disposición de cumplir cabalmente lo que está a punto de firmarse, de eso no cabe dudas.
Pero, aunque públicamente no se exprese, existen dudas, temores y hasta diferencias entre dirigentes, miembros y simpatizantes de ambos partidos, que tratan de disimularlo con el argumento válido, de que ambas organizaciones son hermanas  ya que fueron procreadas por su padre…El profesor Juan Bosch.
No obstante las encuestas anunciadas para la escogencia de candidatos a cargos municipales y congresuales, podrían dejar heridas incurables en ambas organizaciones.
Los murmullos a baja voz, refieren que si ganara un candidato del PRD, peledeistas se sentarían para no apoyarlo, pero de igual forma piensan la generalidad de los perredeistas de las llamadas bases, por lo que hay que concientizar y sincerar a dirigentes, militantes y simpatizantes, de lo que representa dicho acuerdo para sus aspiraciones de continuar en el poder.
Verdad que es complicado. Mientras arriba hacen amarres los de abajo desenredan, lo que es un indicativo, de que el acuerdo no se puede considerar como un palo de gallera. 

 
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